Harina P.A.N. blanca
Sin esto no hay arepa, y sin arepa no hay desayuno. Empieza por aquí.
Despensa venezolana
Harina, malta, chucherías y todo lo que tu mamá te pide por el grupo de la familia. No es un mercado. Es la evidencia.
Antes de comprar: Amazon no envía a Venezuela. Mándalo a tu casillero de siempre. Revisa peso y tamaño, que el flete se cobra y la caja no improvisa.
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Sin esto no hay arepa, y sin arepa no hay desayuno. Empieza por aquí.
Para el que jura que la arepa amarilla sabe distinto. Tiene razón, pero no se lo digas.
Cachapas sin moler jojoto ni pelear con la licuadora. El queso de mano lo pones tú.
La arepa de siempre, versión me estoy cuidando. El relleno ya es problema tuyo.
Arepa con chía, linaza y avena. Tu abuela la mira raro, pero se la come.
Nunca se disolvió completo y por eso era bueno. Los grumitos son la mejor parte.
La malta de la lonchera. Bien fría, con una empanada imaginaria al lado.
Roja, dulce y sin explicación. Nadie sabe a qué sabe y a todos nos hace falta.
El olor de la casa a las seis de la mañana. El guayoyo no se negocia.
La chicha del carrito, sin el carrito. La canela y la leche condensada por encima son obligatorias.
Para colar o para la greca. Negrito, guayoyo o marrón, pero que no falte.
El té frío de todos los almuerzos. Bien cargado y con mucho hielo.
Malta en polvo para la leche. Era el Toddy del que quería llevar la contraria.
La cantina del colegio en una caja. Para el que no sabe por dónde empezar.
Por debajo de su precio habitual
El pirulín de la merienda, ahora con casillero. La lata que nadie comparte.
El pirulín en versión bocado. Dices que es uno solo y se acaba la bolsa.
Chocolate por fuera y por dentro. Para el que nunca dijo "con uno basta".
La galleta que se desarma en capas sobre la camisa. Vale cada miga.
La prima de la Cocosette, la de chocolate. En la cantina siempre había que escoger una.
Fresa por dentro, chocolate por fuera y cero intención de compartir.
La avellana mejor vestida de Venezuela. Abres uno y de repente van seis.
Chocolate con arroz inflado que suena al morder. El nombre ya te lo avisó.
Con sabor venezolano, como decía la propaganda. Y era verdad.
Tres sabores y una paletica. Todo el mundo se comía primero el suyo.
Dice para untar, pero todos sabemos que se come directo del potecito.
Con queso blanco es postre. Solo, es merienda. De noche, es un secreto.
El chocolate blanco que dividía al salón. O lo amabas o lo cambiabas por un Cri-Cri.
El chocolate serio, el de regalar. Casi nunca llega a quien iba.
El de la torta de chocolate y la marquesa. Si sobra un pedazo, no sobró.
Dulcito de guayaba de bodega. Uno después del almuerzo, dicen.
Deja los dedos anaranjados y el corazón contento. No hay servilleta que valga.
Por debajo de su precio habitual
Para mojar en el café o para la marquesa de chocolate. La abuela aprueba las dos.
La galleta salada del recreo. Con Diablitos sube de categoría.
Las almohaditas rellenas de chocolate. Les cambiaron el nombre pero no la maña.
Se abre, se lame la crema y después se come la galleta. En ese orden.
Crujiente, seco y más viejo que la arepa. Con mantequilla y ajo se vuelve vicio.
Las mismas almohaditas, rellenas de dulce de leche. La caja no llega al fin de semana.
Leche en polvo de la de antes. Una cucharada para el vaso y otra directo a la boca.
El queso que no es queso, pero nadie pregunta. La arepa lo agradece.
Una cucharada y ya. Bueno, dos. Guarda el frasco lejos.
Era comida de bebé y nadie dejó de comerla. Espesa, tibia y sin dar explicaciones.
La que se derrite sola encima de la arepa caliente. La nevera sin ella se ve rara.
Arepa con Diablitos y queso amarillo: desayuno resuelto desde que tu abuela era niña.
El secreto que tu mamá nunca te dijo porque estaba a la vista en la cocina.
Inglesa, soya y ajo, directo de Maracaibo. El pollo te va a preguntar qué hiciste distinto.
Seis arepas de un golpe y sin voltear nada. El budare se pone celoso.
Por debajo de su precio habitual
Redondo, negro y con más arepas encima que cualquier sartén. Se cura con el uso.
Aplasta el plátano parejito para tostones como los de la playa. La salsa rosada va aparte.